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Mensaje por El Avi65 el Dom 03 Feb 2013, 20:36

Me refirmo que el Animal, que malvado es el ser humano, pues lo animales cuando matan es para sobre vivir y nunca matar por crueldad leyendas urbanas - Página 2 32515

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Mensaje por Nefertari el Dom 03 Feb 2013, 20:54

ya lo se anika que dan mas miedo los vivos que esto, pero e que algunas son espeluznantes solo de imaginarlas uffff ya entran escalofrios
eoooo leyendas urbanas - Página 2 27752


leyendas urbanas - Página 2 BpLZQJW
Trato de que olvides tus penas y detras de una sonrisa...
oculto las mias
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Mensaje por anika el Dom 03 Feb 2013, 23:37

pues si nefer escalor frio si que dan estas leyendas y comodice el avi el animal el ser humano es mas malvado que el mismo animal gracia a los dos por pasaros por aqui leyendas urbanas - Página 2 392120 leyendas urbanas - Página 2 62883
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Mensaje por anika el Lun 04 Feb 2013, 11:10

Leyenda de En la Orilla del Rio



Esta historia sucedió hace
más de quince años, por el 87, eso creo, pero todo lo acontecido fue real. Soy de una
ciudad del Perú llamada Hunacavelica, un lugar pequeño y tranquilo y por lo tanto no
ocurrían muchas cosas extrañas por allí, y si algo verdaderamente extraño sucedía
llamaba la atención de toda la población, absolutamente de todos sin excepción.

El barrio por donde vivo queda cerca al río y es común ver todas las noches parejas de
enamorados jurándose amor eterno, pues bien en ese año existió una joven muy hermosa
que todos conocían con el nombre de Ángela, era muy bella y estaba de enamorada de un
sargento de la policía a quien todos conocían como Beto, según rumores ambos estaban
prestos para casarse e incluso ya tenían fijada una fecha para la boda, por las tardes,
todos los días antes de ponerse el sol ambos paseaban por la orilla del río, lugar donde
se habían conocido pues era sabido que Ángela vivía por ahí.

Sin embargo no falta alguien que presa de la envidia siempre busca destruir la felicidad
ajena y este fue el caso de Gladys, una chica que había estado enamorada de Beto pero la
relación amorosa se terminó por el carácter posesivo y obsesivo de la misma, quien al
saber que la boda de ambos estaba próxima inventó una historia acerca de que Beto tenía
una amante para así separarlos.
La noticia llegó a oídos de Ángela a sólo días de la boda, se sintió traicionada y a
pesar de las súplicas de su amado de que todo era mentira no quiso oír y corriendo
llegó hasta la orilla del río. Beto que iba detrás de ella intentó explicarle una vez
más que todas esas historias eran mentira no pudo hacerlo, pues antes de que pudiera
alcanzarla, ella lo miro con los ojos llenos de lágrimas y sólo susurro:

- Juraste que siempre me amarías pero parece que tus palabras se las llevó el río- y
diciendo esto se lanzó al río cuyas furiosas aguas la sepultaron para siempre.

A pesar de todos los esfuerzos que hicieron, no se pudo rescatar el cuerpo de la pobre
muchacha. Con el paso de los días parecía que Beto empezaba a volverse loco pues el
decía que siempre, su amada Ángela venía hasta su cama todas las noches y le recordaba
la promesa.

Dos años después Beto era totalmente diferente se había vuelto alcohólico y seguía
diciendo que Ángela venía a visitarlo todas las noches, sus amigos estaban muy
preocupados de tan solo verlo así hasta que una noche salió disparado de su casa y
comenzó a correr hacia el río diciendo que Ángela lo llamaba, que debían estar juntos,
justo detrás de él sus amigos corrían tratando de detenerlo pero al llegar al río
todos vieron claramente que Ángela estaba parada ahí, en el mismo lugar donde dos años
atrás se había suicidado, parecía más delgada que antes y la palidez de su rostro era
tan blanco como la cera. Sin dar la más mínima muestra de terror Beto se le acercó y
después de un prolongado beso, ambos saltaron a las furiosas aguas para así estar juntos
por siempre.
Después de ese episodio nadie quiso decir nada al respecto no podían creer que todo eso
hubiese sucedido, en cuanto a Gladys, ella no se salió con la suya como todos creían
pues seis meses después la encontraron muerta en su cama con los pulmones inundados de
agua de río.
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Mensaje por anika el Lun 04 Feb 2013, 11:18

LA CASA DE ARAMBERRI




leyendas urbanas - Página 2 MLLRPYz






Este
es un hecho que, a la fecha, sigue atrayendo a todo aquel que oye de
este caso. aparentemente el número 1026 de la calle José Silvestre
Aramberri en la ciudad. de Monterrey n.l. México, es una casa más que
data de principios de 1900, muy vieja y descuidada, mostrando que no se
le ha puesto el más mínimo interés en su conservación.

Por consecuente lo que atrae a las personas no es su casi extinta
arquitectura, o la malla ciclónica que cubre todo el frente de la casa, o
el patio descuidado lleno de árboles viejos el cual se ve desde la
calle. lo que hace a esta casa tan especial fue la tragedia que tuvo
lugar en su interior, de la cual no voy a profundizar por ser un hecho
muy delicado, pero sí comentaré sus consecuencias.

Mientras corría el año de 1933, la casa de Aramberri fue escenario, y
mudo testigo, de una muestra de la locura causada por la ambición
humana. En ese tiempo era hogar de una de las familias más respetadas y
de abolengo en la región. Un día, mientras el señor de la casa iba a
trabajar, su esposa e hija fueron atacadas por tres sujetos los cuales
deseaban saber la ubicación de un gran cofre lleno de monedas de plata.
En el comedor de la casa es donde estos seres, a los cuales no se les
puede llamar humanos, torturaron de la manera más horrenda, sangrienta y
cruel a dos mujeres, el ama de casa y su hija.

La investigación de este caso fue difícil, ya que no había rastros de
que las puertas hayan sido forzadas, y como testigo estaba el perico
mascota de la familia, quien fue pieza clave para la captura de los
asesinos, ya que con sus escandalosos gritos repitió las últimas
palabras de una de sus dueñas: "no me mates gabriel, no me mates". esto
armó las pistas necesarias para que las autoridades capturaran al
sobrino de la familia, y después a sus cómplices. a los tres homicidas
se les aplico la "ley fuga" a manera de escarmiento.

Desde esa lejana fecha, en esta casa han pasado muchísimos hechos
sobrenaturales, desde escuchar los lamentos de las mujeres, hasta ver o
sentir su presencia.

El caso tomó mucha fuerza hace unos años, cuando un par de reporteros
entraron a la casa para averiguar supuestos hechos paranormales. Al
salir de la casa por atender otra noticia, los reporteros sufrieron un
grave accidente automovilístico, al revisar el material que obtuvieron
en la casa se escucha claramente un grito lejano y hueco.

Esto motivó a que muchos programas hicieran sus investigaciones,
(incluso se llamó a Carlos Trejo, investigador mexicano especialista en
hechos paranormales). Pero no se ha dado una explicación a los hechos
inexplicables de la casa.

La casa tuvo que ser cerrada al público ya que muchas personas de todos
los niveles, especialmente los jóvenes, entraban a la casa buscando ser
testigos de algún hecho sobrenatural, para rezar por el alma de las dos
mujeres o para satisfacer su enorme morbo.

Nada sigue igual que en el año 1993, en la sala ya no se encuentras los
muebles que fueron testigos mudos del horror y del dolor provocado a esa
familia. La recámara sigue en pie y en donde los testigos comentan que
se aprecia un recuadro con el rostro desfigurado de una mujer
(posiblemente el de la ama de casa). se pasa al comedor, lugar en donde
se cometió el crimen. la cocina, el sanitario, la bodega, el patio, todo
sigue ahí. en toda la casa se siente la tensión, la cual sólo motiva a
pedir por el eterno descanso de las almas atormentadas, cuya esencia
está impresa en la casa, acompañada de un fuerte olor a azufre.

Siendo el tema principal de varios libros, la casa del "crimen de
Aramberri" es visitada por curiosos e investigadores, quienes aseguran
que en la noche se pueden oír los lamentos de las almas que penan en la
casa, y a veces puedes ver asomadas por una ventana o recorriendo el
patio o el interior de la casa a las inquilinas que posiblemente nunca
se irán.
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Mensaje por anika el Lun 04 Feb 2013, 11:23

EL ORFANATO MALDITO

leyendas urbanas - Página 2 TybRn06









Hace
muchos años hubo un orfanato solo para niñas , el edificio estaba
dirijido por monjas y tenia muy buena fama en toda la región. Muchas
niñas huerfanas eran enviadas allí y las dueñas las acogían y cuidaban
con cariño. sin embargo , aquello cambió radicalmente un día de otoño.
Nadie sabe por que sucedió , ni por que las monjas hicieron eso , solo
se sabe que, un día , las monjas decidieron acabar con su
establecimiento e iniciaron una terrible masacre contra las niñas ,
ninguna sobrevivió y se dice que , despues de matar a las niñas las
monjas se suicidaron una a una , provocandose la muerte de la misma
manera que a las niñas a las que asesinaron . desde entonces se dice que
, si osas pasar al edificio ( no ha sido derruido y se conserva como
símbolo del pueblo) los espíritus de las monjas temeran que descubras su
terrible secreto y se aseguraran de que no lo hagas , no te permitiran
salir y te mataran del mismo modo que lo hicieron ellas y las niñas que
asesinaron .
muchas personas no han creido esta historia y han decidido pasar al
orfanato , yo he acompañado a algunas de ellas hasta la puerta y he
visto como se adentraban en el edificio , todas las personas que se han
atrevido a entrar no han vuelto nunca y alguna vez que he acompañado a
alguien y he acampado delante para esperale he podido escuchar terribles
gritos que procedian del interior del edificio.
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Mensaje por anika el Mar 05 Feb 2013, 20:56

EL ROBO DE RIÑONES


leyendas urbanas - Página 2 888646_249px








Un
joven decidió un sábado por la noche asistir a una fiesta. Se estaba
divirtiendo bastante, se tomó unas cervezas y una muchacha que conoció
allí y a la que parecía gustarle, le invitó a ir a otra fiesta.
Rápidamente aceptó y marchó con ella. Fueron a un apartamento, donde
continuaron tomando cerveza y aparentemente le dieron droga (no sabe
cuál).
Lo siguiente que recuerda es que despertó totalmente desnudo en una
bañera llena de cubitos de hielo. Todavía sentía los efectos de la droga
y de la cerveza. Miró a su alrededor y estaba solo. Luego, se miró el
pecho y descubrió que tenía escrito con pintura roja este mensaje:
“Llame al 911 o usted morirá”.
Vio un teléfono cercano a la bañera, así que llamó inmediatamente. Le
explicó a la operadora la situación en la que se encontraba. La
operadora le aconsejó que saliera de la bañera y que se mirara en el
espejo. Se observó aparentemente normal, así que la operadora le dijo
que revisara la espalda. Al hacerlo, se apercibió que tenía dos ranuras
de nueve pulgadas en la parte baja del abdomen. La operadora le dijo que
se metiera nuevamente en la bañera y que mandaría un equipo de
emergencia.
Desgraciadamente, después de que lo examinaron a fondo en el hospital,
reparó en lo que le había pasado: le habían robado los riñones.
Actualmente, esta persona se halla en el hospital conectado a un sistema
que lo mantiene vivo. La Universidad de Texas y el centro médico de la
Universidad de Baylor realizan gestiones para encontrar donan
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Mensaje por anika el Miér 06 Feb 2013, 13:07




La Planchada



25 enero 2013 /




leyendas urbanas - Página 2 Planchada


La leyenda de la planchada es
probablemente una de las más populares de México. En ella narran la
historia de una enfermera fantasmal que vaga por los pasillos del
hospital y atiende a los enfermos que necesitan ayuda médica…

Cuentan que cierto día, una chica
llamada Eulalia entró a formar parte del personal de enfermería en el
hospital. Era una chica de buena presencia, con cabellos rubios, ojos
claros y facciones finas, con una actitud amable y educada aunque
revestida por un ligero aire de seriedad.

Desde sus primeros días en la
institución médica, Eulalia demostró gran profesionalismo y diligencia,
mostrándose siempre solicita con el personal médico y con los pobres
enfermos, hacia los cuales profesaba una dedicación que a veces iba más
allá del mero deber. Por otra parte, Eulalia siempre estaba muy limpia y
arreglada, con el uniforme blanco perfectamente planchado e impoluto,
exento de la más mínima mancha o arruga.

Como era de esperarse, Eulalia se
granjeó rápidamente el aprecio de los médicos, a la par que, gracias a
su natural simpatía, logró verse libre de inspirar envidia en sus
compañeras y compañeros de enfermería.

Por otra parte, la vida de Eulalia era
realmente tranquila, sana y sencilla, ya que todo su tiempo se dividía
entre las labores en el hospital y las atenciones hacia su pequeña pero
estable y relativamente feliz familia, conformada por sus padres y sus
dos hermanos menores, al menos en lo que respecta a su círculo más
cercano. Por ello, los días habituales de Eulalia consistían en trabajar
en el hospital, llegar a casa con una sonrisa, comer con todos, dormir
un rato, despertar y pasar sus horas siguientes en tareas domésticas que
compartía con su madre, en jugar con sus hermanos o en la lectura.

Sin embargo, un día todo cambió…

En efecto, cierta mañana el director del
hospital convocó al personal para presentar al nuevo médico que acababa
de llegar: el Dr. Joaquín, un tipo inteligente, guapo y alto, venido
“de buena familia”, pero con un cierto aire de arrogancia. Todas las
demás enfermeras y casi todos los enfermeros fueron, pero Eulalia se
quedó atendiendo a un paciente.

Pasados unos cuantos días, Eulalia
todavía no había cruzado palabra alguna con el Dr. Joaquín, y apenas lo
había visto de lejos, aunque a sus oídos ya habían llegado los rumores
que lo retrataban como un tipo orgulloso, como uno de esos hombres que
miran a casi todos “por encima del hombro”. Eso hacía que ella no
tuviera muchos deseos de conocerlo, pero un día la convocaron para que
lo ayudase con la extracción de una bala en la pierna de un paciente…

Pese a los rumores, cuentan que Eulalia
quedó prendada del Dr. Joaquín cuando lo vio de cerca, al punto de que
sus manos temblaban ligeramente cuando le pasaba los instrumentos,
llegando incluso a equivocarse en lo que respecta a entregar el
instrumento correcto…

Después de ese primer encuentro, Eulalia
empezó a enamorarse apasionadamente del Dr. Joaquín, a pesar de que le
decían que no le convenía, que el tipo era un egocéntrico y que
coqueteaba con una y otra enfermera. No obstante ella siguió en su afán,
diciéndose que sus compañeras estaban exagerando o simplemente
justificando a Joaquín cuando no podía dudar de tales o cuales críticas
que sobre él se cernían. De ese modo, pasados algunos meses ella
consiguió su propósito y el Dr. Joaquín cedió a sus encantos, aceptando
ser su novio.

Durante un largo tiempo Eulalia se
sentía la criatura más dichosa del mundo, y su pasión crecía como un
incendio a pesar de que Joaquín no parecía amarla con la misma
intensidad e incluso, según las malas lenguas, coqueteaba con otras
chicas a espaldas de ella.

Tras poco más de un año de noviazgo,
Eulalia se sorprendió cuando cierto día Joaquín le propuso matrimonio, a
lo cual ella accedió con el cándido entusiasmo de una quinceañera
enamorada. Sin embargo era necesario esperar para la boda, ya que antes
Joaquín debía irse a un seminario de 15 días en otra ciudad.

Antes de irse él le pidió que le
planchara y preparara un fino traje, ya que debía estar impecable y
elegante en el seminario. Entonces ella aceptó y, justo un día antes del
viaje, él fue a recoger el traje y a visitarla, hablando tendidamente
con ella y despidiéndose entre abrazos, besos y promesas de amor eterno…

Tan solo una semana tras la partida de
Joaquín, Eulalia ya lo extrañaba como si hubiese estado ausente varios
meses, por lo que a veces adoptaba una actitud de melancólica nostalgia.

Paralelamente, justo después de una
semana cumplida desde el último día en que vio a Joaquín, un enfermero
la abordó cuando estaba sola, le declaró su amor y le pidió que por
favor lo acompañara a una fiesta como su pareja de baile, pero ella se
negó y le dijo que si acaso no recordaba que el Dr. Joaquín y ella
tenían una relación… Asombrado y algo herido, el enfermero la miró y le
dijo que no entendía cómo es que nadie le había contado que Joaquín
renunció en el hospital y se fue a un viaje de luna de miel con su nueva
esposa…

Las palabras del enfermero habían dejado
completamente helada a Eulalia, con esa mezcla de dolor y consternación
que alguien siente cuando inesperadamente le informan que su madre o
alguien muy querido ha muerto, aunque con la enorme y gran diferencia de
que en la mirada de Eulalia latía la decepción. Por eso ella no acertó a
decir nada, y solo agachó la cabeza y se fue, caminando con la leve
esperanza de que aquello fuese un invento del enfermero para salir con
ella. Pero a la mañana siguiente fue y averiguó en los registros, y
efectivamente Joaquín había renunciado, por lo cual era lógico asumir
que lo de la luna de miel era también cierto, tal y como decían muchas
más personas además del enfermero…

Desde su decepción amorosa, Eulalia
jamás volvió a ser la misma. Nunca había tenido un novio antes, y solo
le había gustado uno que otro chico durante su adolescencia, siendo con
Joaquín con quien supo lo que realmente era el amor. Sentía que su
corazón era un jarrón despedazado sobre el árido suelo de la vida, y al
parecer ni ella misma quiso recoger los pedazos y recomponerlo, ya que
permitió que la amargura fuera apoderándose progresivamente de ella,
hasta convertirla en un ser frío, silencioso y sombrío, en una mujer que
no volvió a vincularse a ningún hombre porque se abandonó a la idea de
que todos “eran iguales”, y en una enfermera que realizaba su trabajo
con el alma empolvada por el tedio y el desgano, descuidando a los
enfermos hasta el punto de que algunos murieron por sus negligencias al
olvidarse darles la medicación, a pesar de ello no fue despedida porque,
sus compañeros y superiores la apreciaban y pensaban que tarde o
temprano volvería a ser la chica trabajadora y dedicada a los pacientes
que siempre había sido.

Pasaron así los años y un día la
enfermedad cayó sobre ella, transformándola en una paciente más del
hospital donde por décadas fue indiferente hacia el malestar de los
enfermos que tan mal atendía. Ella era la abandonada ahora. Sin embargo,
en lo profundo de su soledad, la reflexión le ablandó el corazón y,
antes de morir, se arrepintió de haber sido tan mal enfermera,
falleciendo sin poder perdonarse a sí misma, y con el anhelo de enmendar
de alguna forma sus errores pasados…

Tras la muerte de Eulalia, en el
hospital comenzaron a surgir testimonios de gente que era atendida por
una amable enfermera que no parecía pertenecer al personal del hospital.
Una chica joven con la ropa impecable, perfectamente planchada, tal y
como la llevaba Eulalia en vida. Normalmente los testimonios eran
confusos porque solía atender a los enfermos cuando dormían, se
encontraban sedados o estaban muy graves.

En cierta ocasión, una de las enfermeras
que trabajaban de noche se quedó dormida en su turno. Su negligencia le
podría haber costado la vida a un paciente que necesitaba una
importante medicación para tratar una fuerte infección que hacía
peligrar su vida. El hombre, semiinconsciente, observó como una
enfermera, a la cual no pudo reconocer porque tenía el rostro
ligeramente borroso y como desdibujado, le suministró el antibiótico
necesario y, mientras lo arropaba, le dedicó una caricia en el pelo. Un
par de horas después, la enfermera que se había dormido en su turno se
despertó sobresaltada y, acordándose de lo importante que era
suministrarle la medicación al señor, salió corriendo hacia su
habitación, temiéndose lo peor. Al llegar allí se encontró que, el goteo
que mezclaba el antibiótico con el suero, estaba perfectamente colocado
y la dosis era la correcta. Aún asustada, le preguntó al paciente quién
le había puesto la medicación. La respuesta la dejó helada: “Su
compañera rubia, la que tiene la bata sin una sola arruga”.

Ésta fue una de las cientos de veces que
“La Planchada” atendió a alguien que necesitaba la ayuda médica o que
había sido descuidado por las otras enfermeras. Pocos son los que la
recuerdan, ya que siempre atiende a personas graves o cuando están medio
dormidas; ninguno puede recordar su rostro con claridad, ya que, casi
siempre que se ha dejado ver, lo ha hecho con su cara ladeada o de
espaldas. Pero todos los testimonios concuerdan en lo mismo, en lo
impoluto de su aspecto y en la perfecta forma en la que están planchadas
sus ropas, así como en lo cordial y profesional de su trato. Algunos,
de entre el personal del hospital, también dicen haberla visto durante
escasas fracciones de segundo entrar o salir de la habitación de un
paciente e incluso haber sido despertados por el espíritu de Eulalia
cuando dormían en sus turnos, tocándoles el hombro, y comprobando al
despertar que estaban solos y que los pasillos del hospital estaban
desiertos. Aunque nunca la vieron como una amenaza, ya que ayudaba a los
enfermos cuando estos eran descuidados, cosa que se sabía gracias a los
múltiples testimonios de pacientes que afirmaban haber recibido tal o
cual medicación en ausencia de personal médico.
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Mensaje por El Avi65 el Miér 06 Feb 2013, 13:51

Muy interesantes y horribles esta leyendas urbanas, creo que la ultima es un bella historia

Pero aun recuerdo cuando era pequeño (pues yo también fui pequeño una vez) que mi mama, me decía cuando ida al colegio, ten mucho cuidado y NO cojas nada de nadie que no conozcas, pues ay mala gente que raptar niñ@s, para sacarle la sangre , para dársela a otra gente mala para que se curen . Y creo que me decía que era de “tuberculosis” o algo así, pero esto lo recuerdo que me dijo durante muchos años. No sé si era leyenda urbana y que se sí que se dieron casos de nin@s que por aquellos años habían desaparición. Y esto lo vive yo y así lo cuento. El Avi
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Mensaje por anika el Miér 06 Feb 2013, 21:44

si que lo es por eso la puse porque me gusto ,
Avi yo recuerdo lo mismo tanto mis padres como mi abuelo siempre nos contaban cosas que decian que era verdad sobre todo mi abuelo yo era muy pequeña pero lo recuerdo muy bien siempre nos dicia que tubieramos mucho cuidado y que no nos fueramos con nadie que no conocieramos , algunas leyendas que mi abuelo me contaba eran cierta porque la familia vivian en el mismo pueblo

Avi muchas gracias por pasate por este hilo aunque sean historias escalofriantes .... leyendas urbanas - Página 2 622252 leyendas urbanas - Página 2 622252 leyendas urbanas - Página 2 39442 leyendas urbanas - Página 2 39442
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Mensaje por anika el Vie 08 Feb 2013, 17:03

Spoiler:
[size=18La caza del hombre
leyendas urbanas - Página 2 ZULWCsE
7 febrero 2013

caza_hombre

¿Existen las cacerías humanas? ¿Quién no ha escuchado alguna vez la leyenda urbanas de que existen ricos que por diversión juegan con la vida de mendigos o prostitutas sometíendolos a un macabro juego del gato y el ratón?…

Pedro había trabajado como albañil desde los dieciséis años; ahora, con más de cuarenta, su cuerpo se había endurecido por el duro trabajo que llevaba casi treinta años desempeñando. Sus manos parecían de piedra y eran tan callosas que uno diría que se habían fundido con el cemento que había cargado durante años, miles de sacos que había trasladado sin la menor queja. Y es que Pedro era un trabajador incansable, un noble hombre que doblaba turnos y no dudaba en tener dos trabajos para sacar adelante a su familia.

Pero ni la excelente forma física que aún mantenía ni su inquebrantable espíritu de trabajo le servían de nada con la crisis actual. La burbuja inmobiliaria y la crisis del ladrillo habían reducido al mínimo los trabajos de albañilería y, las pocas veces que surgía una nueva obra, preferían contratar a algún chico más joven, por lo que el pobre Pedro llevaba más de un año sin empleo ni paro (prestación por desempleo), y más de cuatro años sufriendo con la mayor dureza la crisis en la que estaba inmersa el país.

Los pocos ahorros que tenía se habían esfumado tratando de mantener a su familia durante ese periodo y en la asfixiante hipoteca que había adquirido años atrás. En la época de bonanza todo el mundo compraba casa y, cuando su mujer quedó embarazada por segunda vez, no dudó en arriesgarse a comprar un pequeño piso donde criar a sus hijos. Unas “cómodas” letras que pagaría a veinte años y que en su momento, y gracias a su esfuerzo de siempre por el que se ofrecía a hacer horas extras o trabajar sin contrato para ganar un poco más de dinero, podía pagar sin problemas.

La situación era cada vez más dramática y hacia varios meses que no podía pagar la hipoteca, por lo que el banco le había enviado una orden de desahucio, aunque sus hijos necesitaban ropa nueva y cada vez le resultaba más difícil traer comida a casa. Gracias a la ayuda familiar (y en especial de los padres de su esposa) habían podido sobrevivir todo ese tiempo viviendo en la más absoluta pobreza. Pero si había algo admirable en Pedro era su espíritu de lucha, ni un sólo día desde que perdió su empleo había cesado en su búsqueda de trabajo: acudía a obras ofreciendo sus servicios, limpiaba los cristales de los coches que se detenían en los semáforos, recolectaba latas o cualquier otra chatarra que la gente tirara a la basura y por la que le pudieran pagar algo, etc.

Una noche, mientras buscaba en un contenedor de basura en un barrio adinerado de la ciudad, se detuvo junto a él una impresionante limusina con los cristales tintados. Pedro se giró por instinto al notar que alguien le observaba desde su interior, un instante después el cristal de una de las ventanillas traseras comenzó a bajar.

— Amigo, venga aquí un momento.
— Buenas noches señor – dijo Pedro cabizbajo pensando que probablemente le daría algo de limosna.
— He observado que está usted pasando problemas económicos y creo que puedo proponerle un negocio que le ayudaría a salir de su miseria.
— ¿A qué tipo de “negocio” se refiere usted? Antes de que diga nada quiero que sepa que soy casado y padre de familia – Pedro había empezado a enfurecerse pensando que le haría algún tipo de demanda sexual.
— Verá, represento a un grupo de personas muy poderosas que están un poco asqueadas de su acomodada vida, por lo que están buscando nuevos retos. Estas personas obviamente quieren guardar su anonimato y preservar la naturaleza del trato hasta confirmar que alguien esté lo suficientemente interesado como participar en su “juego”. Le puedo asegurar que, si decide participar, recibirá una importante suma de dinero.
— Habla usted de un “juego” y una gran suma de dinero, espero por su bien que no me esté pidiendo lo que creo que me está pidiendo.
— Tranquilo, no es nada sexual si es a lo que usted se refiere, no me está permitido hablar del tema en la calle. Si desea, usted puede subir a la limusina y le explico en qué consiste el “juego”. Si por el contrario no está interesado, aquí tiene usted un poco de dinero por el tiempo que le he hecho perder – El hombre de la limusina le ofreció un billete de 200 euros.
— ¿Me dice usted que me da este dinero así sin más? ¿Quiera o no quiera el trabajo?.
— Así es, caballero, aunque francamente sería una pena que no aceptara porque esto es una miseria en comparación con lo que estamos dispuestos a ofrecerle si decide participar.
En estos momentos la curiosidad de Pedro y la promesa de ganar una fuerte suma de dinero que podría salvarle a él y a su familia, pudo contra el buen criterio que siempre había tenido y, tras pensarlo unos segundos, subió a la limusina. El interior era tan lujoso como parecía desde fuera.
— ¿Desea usted tomar algo? – le dijo el hombre que presentaba un aspecto impoluto y un traje que parecía costar tanto como toda la ropa que había en el armario de Pedro.
— No, muchas gracias, no bebo – Pedro no se fiaba del hombre por lo que decidió no probar nada de lo que le ofrecía.
— Veo que es usted un hombre ocupado, así que iré directamente al grano. Como le dije antes, mis clientes son personas a las que les gusta la aventura y los retos. Muchos de ellos han practicado deportes extremos o han hecho safaris a África para cazar grandes animales. Y es ahí donde entra usted, con el tiempo mis clientes han perdido el interés por la caza, sus presas habituales son predecibles y tontas por lo que su deporte favorito les ha llegado a aburrir.
— ¿Me está usted insinuando que me debo dejar cazar? ¿Qué tipo de locura es esta?.
— No, por supuesto que no, eso sería un asesinato o al menos un intento de homicidio. Mis clientes emplean pistolas de paintball, usted únicamente debe evitar que le impacten con sus disparos de pintura y conseguir llegar a un punto concreto del mapa antes de que le consigan “cazar”. Si acepta, añadiré 5.000 euros más al dinero que le he entregado. Y si es usted capaz de escapar, la suma de dinero ascenderá.
— ¿Y cuánto dinero se supone que ganaría si consigo escapar?.
— La suma ascendería a 20.000 euros, creo que no está nada mal por una noche de trabajo, ¿no?.
— Todo esto me parece un poco raro – Dijo Pedro visiblemente asustado.
— Mire, caballero, no nos vamos a engañar, para mis clientes 20.000 euros es una suma insignificante de dinero, lo que se gastan en una noche de fiesta. Si desconfía del trato puede usted bajarse ahora mismo del coche, irse con sus 200 euros y arrepentirse toda la vida por no aceptar este trato que le cambiaría la vida.

Pedro quedó pensativo por unos segundos.

— Ok, trato hecho, pero deberán pagarme 10.000 por participar y 25.000 si gano – dijo Pedro- Con ese dinero podré saldar mi hipoteca y comprarle un pequeño regalo a mi mujer e hijos.
— Veo que no me he equivocado con usted, es todo un luchador. Permítame hacer una llamada a mis clientes y empecemos con el juego.
— ¿Cómo? ahora mismo, debo avisar a mi mujer que llegaré tarde.
— Me temo, amigo, que no dispongo de ese tiempo; y como le comenté antes, mis clientes quieren que la naturaleza de su juego sea secreta. Imagínese que se presentara la Prensa, la imagen de estas personas tan poderosas podría verse dañada. Le prometo que una vez finalice el juego le permitiré llamar a su esposa para que no se preocupe, además seguro que cuando llegue con el dinero le perdona por no dormir en casa hoy. Lo que sí me veo obligado es a hacerle firmar este contrato en el que usted se compromete a no revelar a nadie, y eso incluye a su esposa, de dónde ha obtenido el dinero.

El hombre le entregó un papel en el que Pedro eximía de toda responsabilidad a los “jugadores” por el daño físico que pudiera sufrir mientras participaba en el juego (como torceduras, caídas o golpes). Así mismo se comprometía a no revelar el origen del dinero ni la identidad de los participantes, bajo multa de varios miles de euros. Todo parecía haber sido escrito por uno de esos abogado pedantes que saben dar buen uso de la letra pequeña. Pero Pedro estaba tan desesperado por su situación económica que no vio otra posible salida, debía aceptar aunque todo esto le olía un poco mal.

Tras realizar la llamada, el hombre indicó al chófer de la limusina unas coordenadas y pocos minutos después el vehículo abandonó la ciudad y se dirigió hacia una zona rural. Una hora después se detuvieron junto a una cabaña en mitad del monte. Allí habían al menos una docena de vehículos todo terreno de gama alta y un grupo de personas con las típicas máscaras de paintball que Pedro rápidamente reconoció como los cazadores que participarían en la caza. La mayoría tenían un cuerpo gordo y rechoncho que los trajes de camuflaje que llevaban no podían disimular. Para sus adentros, Pedro pensó que eso sería trabajo fácil, probablemente esos ricachones no habían practicado deporte en su vida y, diez minutos después de empezar la “caza”, ya estarían con la lengua fuera.

El hombre que había reclutado a Pedro comenzó a hablar en voz alta:

— ¡¡¡Amigos, préstenme atención!!! Les presento a Pedro, nuestro participante de hoy. Les aviso que es todo un luchador. Pedro es padre de familia y tiene muchas ganas de llevarse el premio así que atraparle no será una tarea fácil. – dijo con voz de presentador de concursos de la televisión – Como siempre, daremos una ventaja de diez minutos al “corredor”. Pasado ese tiempo podrán dirigirse al armero y seleccionar el arma que quieran. Pedro tendrá que descender la montaña y cruzar el valle hasta llegar a la autopista que bordea la ciudad. Ustedes cuentan con la ventaja de conocer el terreno y ser consumados cazadores y rastreadores, pero no se relajen porque Pedro está en una excelente forma física.

Los cazadores comenzaron a situarse y el anfitrión de la velada dirigió a Pedro hacia un mirador que había junto a la cabaza, desde el cual se podía ver a lo lejos la ciudad.

— Aunque desde aquí no lo podrás ver, justo antes de llegar a la ciudad hay una autopista que la rodea. Está bastante lejos, e incluso para una persona en forma como usted, cruzar todo el bosque le llevará casi toda la noche. Le aconsejo que no subestime a esa panda de gordinflones, algunos han ganado importantes trofeos de caza y conocen la zona, por lo que es muy improbable que se pierdan mientras le buscan. Le aconsejo que no pierda el tiempo y corra tan rápido como pueda, cuanta mas guerra les de a mis clientes, más posibilidades tiene de llevarse el premio ¡¡¡Corra, corra!!!

Pedro sin dudar comenzó a correr montaña abajo, era mucho más difícil de lo que pensaba, ya que todo estaba oscuro y lleno de piedras, así que cualquier movimiento en falso le podría provocar una torcedura de tobillo que sin duda le impediría ganar su premio. Escuchó gritos de júbilo a su espalda y algo que aún no había percibido antes… ladridos de perro, decenas de ladridos que como por arte de magia comenzaron a retumbar por todo el bosque mientras corría para alcanzar su objetivo. Sin duda era algo que no le habían contado al explicarle las “normas” del juego, y por un momento se estremeció pensando que uno de los perros se pudiera escapar y atacarle, aunque el miedo era un sentimiento que debía evitar si quería concentrarse en la huída.

Minutos después escuchó una detonación, se imaginó que sería el “pistoletazo de salida” de los cazadores, pero las detonaciones continuaron y los ladridos de los perros cada vez eran más fuertes. Sin duda eso no sonaba como una pistola de paintball, el estómago de Pedro parecía encogerse con cada disparo, estaba tan nervioso que por un instante tuvo que detenerse para fijarse por dónde iba, pues estaba corriendo en un estado de pánico y sin darse cuenta había comenzado a correr en zigzag. Recordó que una vez en televisión había visto un documental en el que explicaban cómo guiarse de noche con las estrellas, pero el bosque era tan frondoso que rara vez podía ver el cielo, y mucho menos distinguir una estrella en especial dentro de ese inmenso mar de luces.

Los ladridos de los perros eran lo que más nervioso le ponía, cada vez sonaban más cerca y sin duda estaban guiando a los cazadores en línea recta hacía él. Su ventaja de diez minutos era insuficiente si se hacía uso de sabuesos y probablemente por ese motivo no le habían advertido antes. Por un momento los ladridos se hicieron insoportables, y fue entonces cuando, al girarse, vio por un breve instante una sombra oscura que se abalanzó contra él.

El impacto de un perro de unos cuarenta kilos de peso fue suficiente para que ambos rodaran por el suelo. Era un imponente perro de color negro, con patas y hocico de color bronce, que trataba de morderle. Instintivamente Pedro interpuso su brazo entre los dientes del can y su cuello, y el animal comenzó a morderle en el antebrazo tratando de desgarrar su carne. Pedro era muy fuerte pero le resultaba imposible soltarse de las mandíbulas del perro que parecía dispuesto a sujetar su presa hasta que llegara su amo. Desesperado y con un dolor terrible en el brazo, agarró un piedra con la mano libre y le estampó en la cabeza al animal varios golpes hasta que finalmente le soltó. El perro quedó aturdido en el suelo y Pedro, que a pesar de todo no deseaba ningún mal al animal, se levantó dejándolo malherido pero sin rematarlo, y trató de seguir corriendo. Pero cuando se incorporaba vio una silueta humana a menos de quince metros, e instintivamente se escondió detrás de un árbol, pero no lo hizo suficientemente rápido y una explosión sonó a su espalda.

Sintió una fuerte punzada en su oreja y de repente su camisa empezó a mojarse, Pedro llevó su mano hacia la humedad y se dio cuenta de que era sangre. Instintivamente llevó su mano a la oreja y se dio cuenta de que estaba destrozada por el disparo, tenía tanta adrenalina en el cuerpo tras luchar con el perro, que prácticamente no había sentido el dolor de que su oreja fuera arrancada de cuajo por los perdigones que disparó el cazador con su escopeta.

Pero pese a no sentir dolor, lo que sí sintió fue un miedo terrible, pues los cazadores estaban usando munición de verdad y parecían fuertemente armados. Lo que antes era un carrera por conseguir su premio, se había tornado en una carrera por su propia vida, y lo peor de todo, uno de los cazadores estaba a pocos metros del árbol en el que se escondía. Pedro estaba bloqueado por el miedo, no sabía si salir corriendo o tratar de dialogar con él. Un segundo disparo que destrozó la corteza del árbol donde estaba parapetado le sacó de su shock, y sintió como algunas astillas se clavaban en su pierna tras la explosión. Entonces un sentimiento de furia le invadió, y sin pensárselo dos veces se abalanzó contra el cazador, quien en ese momento estaba recargando su arma y sin duda había subestimado el espíritu de lucha de Pedro, quien de un certero puñetazo le tumbó, a pesar de la máscara de paintball que llevaba. Comenzó a golpearlo por todo el cuerpo y en la lucha, mientras rodaban por el suelo, la escopeta de dos cañones que portaba el cazador se golpeó contra unas rocas, con tan mal fortuna para Pedro que el gatillo se soltó, quedando inutilizada.

Tras unos breves segundos de más forcejeo, el rico gordinflón quedó inconsciente en el suelo, y Pedro se levantó y se acercó a por la escopeta, para llevarse la sorpresa de que ésta se había roto. Aún así aprovechó para buscar en los bolsillos del ricachón, ya que necesitaba algún teléfono o forma de comunicarse. Pero todo parecía estar meticulosamente preparado y el hombre no portaba mas que: munición, una brújula y un cuchillo. Pedro tomó la brújula y el cuchillo y empezó a desvestirse. Sin duda los perros podían rastrearle por el olor de sus ropas así que se quedó desnudo y posteriormente se puso el pantalón de camuflaje del hombre al que había dejado inconsciente. Dejando todas sus ropas junto al “cazador cazado”. Comenzó nuevamente a correr, aunque esta vez ya no lo hacía sin rumbo, pues siguiendo las indicaciones de la brújula podía evitar zigzaguear y correr en círculos.

Cuando había recorrido apenas unos metros, escuchó nuevamente a los perros, pero esta vez se trataba de toda una jauría que, siguiendo el olor de sus ropas puestas en el cazador, se abalanzó sobre el hombre que aún se encontraba inconsciente. Los gritos de dolor del ricachón cruzaron todo el bosque cuando seis perros comenzaron a despedazarlo vivo confundiéndolo con “la presa”. Pero entonces un par de detonaciones más hizo el silencio: una pareja de cazadores había llegado al lugar, aunque demasiado tarde ya que su compañero de aventuras yacía muerto, con el cuello destrozado por el mordisco de un perro y con la mitad de las tripas fuera del cuerpo.

Pedro continuó corriendo sin parar, los perros ya no ladraban, era como si el trágico incidente hubiera finalizado la búsqueda, pero desde luego no estaba dispuesto a regresar para reclamar su premio.

Veinte minutos después y cuando ya comenzaba a amanecer, Pedro observó entre los árboles unas luces que cruzaban a toda velocidad. No dudó ni por un instante y corrió hacia la carretera que simbolizaba su salvación, aunque al llegar allí se quedó petrificado.

— Buenos días, Pedro – dijo el hombre que le había “contratado” mientras le apuntaba con una pistola – nunca nadie había llegado hasta aquí, es impresionante tu fortaleza y tu capacidad de adaptarte. Nadie diría que es la primera vez que participas, aunque claro, es imposible que hubieses “jugado” antes. Como te estarás imaginando, nadie puede “escapar”. Imagínate que nuestro secretito se divulgase, eso sería el fin de mi negocio.

Pedro estaba agotado y no tenía casi fuerzas para correr, pero aún así se giró y trató de internarse nuevamente en el bosque. Dos detonaciones sonaron a su espalda, ambos disparos impactaron en su cuerpo y Pedro cayó al suelo con el pulmón perforado, escupiendo sangre y casi incapaz de respirar. Lo último que escuchó fueron unos pasos que se acercaban, un tercer disparo en la cabeza acabó con su vida.

— ¡¡¡Julián!!! – gritó el promotor del evento llamando al chófer – Ayúdame a meter a éste en el maletero.
— Uff, éste casi se nos escapa, si no llega a ser por el GPS que lleva cada brújula, podría estar contando todo en una comisaría ahora mismo. – dijo el chófer mientras sujetaba de las axilas el cadáver de Pedro.

— Sí, pero no hay mal que por bien no venga, cuando se corra la voz entre los ricachones de que el ministro ha muerto en una cacería, empezarán a hacer cola para participar. Son tan idiotas que nos pagarán el doble sin rechistar por sentir el “plus de adrenalina”.

NOTA: El relato de arriba no es la leyenda como tal sino una dramatización y ejemplificación de la creencia más o menos difundida en varios países, de que entre los ricos existe un deporte oculto, sádico e ilegal: la cacería de personas. Así, se piensa que hay ciertos clubes secretos de gente adinerada, y que muchas desapariciones de personas, particularmente de los menos protegidos por la ley como son los mendigos y las prostitutas, se explicarían con estas cacerías humanas, aunque siempre dándoles vanas esperanzas de que pueden sobrevivir, o engañándoles con la idea de que participarán en algo diferente, un juego no mortal, tal y como podría ser el escapar de cazadores que, en lugar de armas reales tienen pistolas de paintball. Por último, podemos decir que existe una variante nada macabra de esta leyenda, la cual dice que, en Las Vegas, uno de los pocos lugares de USA en que se acepta la prostitución (aunque encubierta como servicios de striptease), hay un deporte en que los participantes cazan a mujeres desnudas, solo que con municiones tipo paintball, a fin de que no les pase nada a las chicas, y de que se pueda constatar (por las manchas en el cuerpo de la presa) si ésta fue abatida por el cazador, quien podrá tener sexo con la presa si consigue abatirla…

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anika
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La dama de corazones
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